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Historia antigua

Historia del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica

Desde 1543 se tiene conocimiento de incendios en Costa Rica. En esa ocasión los aborígenes quemaron dos poblados como protesta por los vejámenes hechos a sus Caciques. A través de los años los incendios han seguido presentes en el país, muchos de estos provocados intencionalmente como los que se presentaron en Nicoya en 1681 y en Esparza en 1687, causados por los piratas. El estado de la cosas continuó y aún en el siglo XIX, todavía Costa Rica no contaba con un grupo organizado para combatir los incendios.

 La historia registra que los sucesos ocurridos en San José, el 26 de enero de 1864, a raíz de un voraz incendio en la casa propiedad de don Francisco María Iglesias, indujeron a los costarricenses para formar un cuerpo de bomberos debidamente organizado.

 Con la enorme preocupación que dejó entre los vecinos ese siniestro, el 15 de febrero de ese mismo año la Municipalidad de San José acordó iniciar gestiones, incluso recoger una contribución voluntaria entre los ciudadanos, para traer de los Estados Unidos una “bomba para incendios”, la cual llegó a la capital el 20 de junio de 1865. Simultáneamente, el Ayuntamiento de San José preparó y presentó al Poder Ejecutivo, el primer Reglamento Oficial del Cuerpo de Bomberos, el cual fue aprobado con fecha 27 de julio de 1865, la cual marca el inicio en Costa Rica de las actividades de una organización de esa índole.

Se constituyó así el primer cuerpo de respuesta, a cargo de la Municipalidad de San José, cuya operación continuó en sus primeros años matizada con bastantes penalidades. Algunos de los primeros miembros de la Directiva de esa naciente organización fueron don Alfredo García, capitán; don Fernando Estreber, secretario y don Guillermo Nanne, primer teniente.

 Por serias dificultades económicas de la Corporación Municipal, en 1914 los bomberos dejaron de pertenecer a ella y de funcionar como tal. Entonces pasaron a ser dependencia del gobierno y los miembros de la Policía de Orden y Seguridad asumieron la responsabilidad de operar la bomba para incendios, junto con la ayuda espontánea de ciudadanos que acudían en los momentos que cada siniestro ocurría. Sin embargo, debido a la impericia y falta de conocimientos sobre técnicas de extinción, los improvisados apagafuegos no brindaban un servicio adecuado en los momentos que más se les requería.

Posteriormente, como consecuencia de la proliferación en el país de agencias de seguros de compañías extranjeras, así como la falta de legislación apropiada en materia de seguros, se traspasaba la barrera de la moral y surgen los primeros indicios de lo que algunos llamaron “plaga de incendiarismo” que llegó a su clímax a principios del siglo XX. Con el ánimo de obtener ganancias fáciles, las propiedades se aseguraban contra incendio con doble seguro y luego las quemaban intencionalmente para cobrar la respectiva indemnización.

A pesar de los efectos perniciosos que significaba el incendiarismo, el Cuerpo de Bomberos seguía manejándose por medio del gobierno. En 1912 cuando las preocupaciones de la ciudadanía se acrecentaban, surgió la idea de modernizar el equipo de extinción existente, con dos bombas de vapor y adquirir una bomba “sistema automóvil”. De la misma forma, resurgió la necesidad de que la municipalidad capitalina se preocupara por el restablecimiento de los bomberos, por cuanto la policía no soportaba más el cumplimiento de su doble función de apagar incendios y mantener el orden público.

En junio de 1913 llegó a San José una bomba construida por la fábrica Knox, de Springfield, Massachusetts en Estados Unidos, primera de sistema automotor en el país. Ese mismo año se implantó un sistema de corte militar en la organización formal de los bomberos.

En 1924 se presentó un cambio radical en la concepción del seguro en Costa Rica que culminó con la promulgación de la Ley de Monopolio de Seguros en favor del estado, el 30 de octubre. Entre los factores que mediaron para su aprobación se encontraba el acabar definitivamente con el problema del incendiarismo.

Los gobernantes de la época observaron la necesidad de una mejor prevención, protección y combate de incendios y poco después de la creación del Banco Nacional de Seguros, el 29 de mayo de 1925, por medio del Decreto Ejecutivo N°4 del entonces presidente de la República el Lic. Ricardo Jiménez Oreamuno, se dispuso que el Cuerpo de Bomberos pasara a ser una dependencia del citado Banco, hoy el Instituto Nacional de Seguros (INS) y que éste fuera el encargado de su administración y dotación.

Dicho decreto indicaba que:

“Artículo 1°.- El Cuerpo de Bomberos estará, desde el primero de junio próximo, bajo la inmediata dependencia del Banco Nacional de Seguros, con las dotaciones que marca el Presupuesto.

Artículo 2.- El Banco proveerá a dicho Cuerpo de los útiles necesarios, para su mayor eficiencia, corriendo de su cuenta los gastos, superiores al Presupuesto, que demande la reorganización y la compra de elementos.

Artículo 3.- Queda facultado el Banco para organizar Cuerpos de Bomberos voluntarios, en la capital y en la demás ciudades que juzgare conveniente.

Artículo 4°.- El Banco presentará a la aprobación de la Secretaría de Seguridad Pública el reglamento de esas organizaciones.

Artículo 5°.- El personal del Cuerpo o Cuerpos de Bomberos tendrá carácter militar y estará bajo la superior vigilancia de la Secretaría de Seguridad Pública.” (Citado por Instituto Nacional de Seguros, 1973, p.269).”

 Los dos últimos artículos fueron eliminados mediante el Decreto Ejecutivo N° 6 del primero de setiembre de 1925 con el fin de que el Banco pudiera administrar a los bomberos sin ninguna interferencia.

De ahí en adelante se inició una nueva era para los bomberos cuya organización se transformó totalmente. El Banco Nacional de Seguros se preocupó por dotarlos de equipos modernos, con un número de miembros acorde a las circunstancias; se comenzaron a construir edificios especialmente para Estaciones de Bomberos y se extendió el servicio por distintas partes del país. El Banco autorizó al Cuerpo de Bomberos para crear un servicio voluntario de bomberos, el primero de los cuales se organizó en 1927, constituyéndose formalmente el 25 de julio.

Al cumplir los cien años de su fundación en 1965, con veinte estaciones de bomberos operando en el país, el Cuerpo de Bomberos de Costa Rica recibió el benemeritazgo.


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